¡A DORMIR!

Todos sabemos la importancia que tiene dormir bien para poder estar mejor al día siguiente. Y es que el sueño nos permite recuperar el equilibro físico y psicológico. Descansar las horas necesarias favorece los procesos de atención y de memoria, y ayuda a consolidar lo que se ha aprendido.
Según la Asociación Española de Pediatría (AEP) un niño en edad escolar debe dormir entre 9 y 11 horas al día, siempre atendiendo a las necesidades personales de cada alumno. En el caso de los adolescentes, tener una rutina de sueño todos los días de la semana, permitirá al cuerpo ‘recargar las baterías’ mejor. De hecho, tener malos hábitos de sueño puede traer consecuencias negativas, no solo en el crecimiento y desarrollo, sino también en el aprendizaje académico y en las relaciones sociales, ya que la capacidad de atención en clase es menor y nos podemos encontrar más irritables, e incluso más propensos a la tristeza.
Por eso, es bueno, tanto en niños como adolescentes, preparar el organismo para irse a la cama y disfrutar de un sueño reparador. Para ello podemos tomar ciertas medidas, como no usar dispositivos tecnológicos justo antes de acostarse, evitar alimentos estimulantes o energéticos (como por ejemplo bebidas de cola o chocolate) durante la tarde-noche, y relajarnos y expresar nuestras emociones.
Y es que cuando cerramos los ojos nuestro cerebro está ‘en la clase de repaso’, fijando los conocimientos aprendidos durante el día.
¡Felices sueños!
https://enfamilia.aeped.es/vida-sana/sueno
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